Una mortandad que encendió la alerta
La aparición de un número inusual de ballenatos de ballena franca austral muertos en las costas de Puerto Madryn generó preocupación entre investigadores y autoridades.
Según explicó el especialista en gestión ambiental y fauna silvestre Víctor Fratto, este año se registró una mortandad mayor a la habitual, por lo que los análisis que normalmente se realizan al finalizar la temporada fueron adelantados.
Cada vez que aparece un cetáceo muerto, los equipos especializados toman medidas del animal y, cuando el estado del cuerpo lo permite, realizan una necropsia y recolectan muestras para determinar las posibles causas de muerte.
¿Qué encontraron en los ballenatos?
Los análisis detectaron una bacteria asociada con la erisipela, una enfermedad que puede afectar a distintos animales.

En los ballenatos puede manifestarse mediante lesiones en la piel, pero también puede avanzar internamente. En determinados casos, la infección puede provocar septicemia, falla de distintos órganos y finalmente la muerte.
La presencia de esta bacteria no sería nueva en la zona. Según Fratto, ya había sido identificada en muestras de ballenatos durante investigaciones realizadas en 2016.
Lo que todavía no está claro es por qué actualmente se observa una mayor presencia de la enfermedad. Ese punto continúa bajo investigación.
¿Qué papel podrían tener las gaviotas?
Una de las hipótesis analizadas apunta a la gaviota cocinera, un ave que suele acercarse a las ballenas y picotear heridas o zonas de su piel.
La hipótesis planteada por los especialistas es que las aves podrían favorecer el ingreso de la bacteria al organismo de los ballenatos a través de lesiones.
Los ejemplares jóvenes serían especialmente vulnerables debido a que todavía cuentan con características físicas e inmunológicas diferentes a las de los adultos.
Sin embargo, se trata de una hipótesis en estudio y los investigadores continúan analizando las muestras para comprender mejor el proceso.
¿Existe riesgo para las personas?
La erisipela puede ser una enfermedad zoonótica, es decir, puede transmitirse entre animales y seres humanos.

En este caso, el riesgo señalado por los especialistas está principalmente relacionado con el contacto directo con animales infectados o sus tejidos, especialmente cuando existen heridas en la piel.
Por eso, la recomendación es clara: no tocar ni manipular ballenas, delfines u otros cetáceos que aparezcan muertos en la costa.
Los equipos que intervienen utilizan protocolos y elementos de protección para realizar las necropsias, tomar muestras y retirar los cuerpos.
Una población que continúa creciendo
La mortandad de ballenatos no significa, por ahora, que la población general de ballena franca austral esté disminuyendo.
De acuerdo con lo señalado por Fratto, los censos aéreos realizados durante este año registraron una cantidad de ejemplares compatible con una población que continúa creciendo.
La especie se recuperó progresivamente después de que terminara la intensa actividad de caza comercial que afectó a las ballenas francas durante el siglo pasado.
Esto permite diferenciar dos situaciones: la pérdida de crías representa un problema que merece investigación, pero no implica necesariamente una caída de toda la población.
Retirar los cuerpos también forma parte de la prevención
Cuando aparece un ballenato muerto, el tiempo es importante.
Los equipos de investigación y el municipio coordinan el retiro de los animales para realizar los estudios correspondientes y evitar que los restos permanezcan expuestos durante largos períodos.
En Puerto Madryn, los cuerpos son trasladados y enterrados en lugares destinados para ese fin.
Una de las razones de esta medida es reducir el acceso de las gaviotas a los restos y evitar que puedan transportar microorganismos hacia otros animales.
Una investigación que continúa
Los especialistas todavía buscan determinar por qué una bacteria conocida desde hace años aparece asociada actualmente a una cantidad mayor de muertes de ballenatos.
Por ahora, los análisis no apuntan a una intervención humana directa como causa de esta mortandad, según explicó Fratto.
La investigación continuará con el estudio de los ejemplares encontrados y el seguimiento de la población.
Mientras tanto, ante el hallazgo de una ballena muerta en la playa, la recomendación es no acercarse ni tocarla y dar aviso a las autoridades o equipos especializados.
La presencia de estos enormes animales en las costas patagónicas forma parte de uno de los espectáculos naturales más importantes de la región. Protegerlos también implica saber cómo actuar cuando aparecen situaciones fuera de lo habitual.







