Un escenario flotante sobre el agua, músicos de distintas generaciones, bombos legüeros, violines, guitarras y voces que atraviesan estilos. Así nació La Jangada, el nuevo proyecto audiovisual de Milo J, una propuesta que busca unir el folclore argentino con la música urbana en un escenario tan inusual como poético.
La producción fue grabada en un brazo del Río Luján, cerca de su desembocadura en el Río de la Plata, sobre una estructura montada en un remolcador. El resultado es una suerte de peña flotante que combina música, paisaje y una cuidada puesta visual.
Una selección del folclore argentino
Para este proyecto, Milo J seleccionó ocho canciones de las quince que forman parte de La vida era más corta, su tercer álbum.

El repertorio permite recorrer diferentes expresiones de la música de raíz argentina y, al mismo tiempo, mostrar cómo pueden dialogar con artistas provenientes de otros géneros.
Entre los invitados aparecen Raly Barrionuevo, Soledad Pastorutti, Trueno, Mon Laferte, Cuti y Roberto Carabajal, Orellana Lucca y Lázaro Caballero, entre otros músicos.
La formación también suma guitarras, violines, bombos legüeros, percusión y contrabajo, construyendo un sonido que por momentos se acerca a una gran orquesta y en otros conserva el clima íntimo de una peña.
El río como escenario

Uno de los grandes protagonistas de La Jangada no es una persona sino el paisaje.
El proyecto fue concebido como una experiencia audiovisual en la que la música y el entorno natural forman parte de una misma escena. El agua, la vegetación, la luz del atardecer y la estructura flotante funcionan como una extensión del repertorio.
Los músicos aparecen vestidos principalmente con tonos verdes y marrones, en sintonía con el paisaje, mientras algunos detalles celestes y blancos introducen referencias a la identidad argentina.
El resultado se aleja de la lógica tradicional de un recital y se acerca más a una experiencia cinematográfica y musical.

De la música urbana al folclore
La relación de Milo J con el folclore no comenzó con este proyecto.
En distintas canciones de los últimos años, el artista incorporó referencias a músicos y territorios vinculados con la tradición argentina. Esa búsqueda también aparece en La vida era más corta, álbum que recibió siete nominaciones a los Latin Grammy 2026, según la publicación.
La Jangada profundiza ahora esa exploración y pone en el centro a las músicas de raíz.
La propuesta no plantea una separación entre géneros. Al contrario, busca que el trap, el rap y las nuevas generaciones convivan con la chacarera, la zamba y la canción litoraleña.
Una reunión de generaciones
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es el encuentro entre artistas de edades y trayectorias muy diferentes.
Soledad Pastorutti comparte con Milo una nueva versión de “Lucía”, mientras que Trueno participa en “Gil”.
También aparecen Cuti y Roberto Carabajal en El invisible, Orellana Lucca en La vida era más corta y Raly Barrionuevo en Luciérnagas.
En otro de los momentos destacados, el joven Radamel, de apenas 13 años, interpreta la canción que lleva su nombre junto con Milo y Lázaro Caballero.
El cierre con Mon Laferte
El viaje termina en una escena más íntima.
Milo J, Mon Laferte y el guitarrista Tano Romano se encuentran dentro de una pequeña construcción ubicada sobre la jangada para interpretar “Jangadero”, una canción vinculada con la tradición litoraleña y con la versión de Mercedes Sosa.
La interpretación adquiere un tono diferente al resto del proyecto: más pausado, cercano y emocional.
La voz de Mon Laferte aporta una sensibilidad particular a una canción profundamente vinculada con el paisaje del litoral.

Una postal argentina que mira hacia afuera
La Jangada funciona así como algo más que una selección de canciones.
Es una apuesta por revisitar la música de raíz desde una mirada contemporánea, poniendo en diálogo a artistas consagrados con una generación que creció escuchando géneros urbanos.
El escenario elegido refuerza esa identidad: un paisaje del Delta, una estructura flotando sobre el agua y una reunión de músicos que convierte el río en escenario.
Milo J, con apenas 19 años, propone así una forma diferente de acercarse al folclore: no como una música del pasado, sino como una tradición capaz de mezclarse, transformarse y seguir encontrando nuevas voces.







