Hay señales que llegan desde lugares tan lejanos que parecen imposibles de imaginar. Una de ellas acaba de llamar la atención de los astrónomos: proviene de Beta Pictoris b, un planeta ubicado a unos 63 años luz de la Tierra.
El hallazgo fue realizado con el radiotelescopio MeerKAT, en Sudáfrica, y representa un avance importante porque los investigadores lograron distinguir la emisión procedente del propio planeta de la radiación de su estrella.
¿Qué es Beta Pictoris b?
Beta Pictoris b es un gigante gaseoso, descubierto en 2008, que forma parte de un sistema estelar mucho más joven que el nuestro.
Mientras el Sistema Solar tiene unos 4.500 millones de años, el sistema Beta Pictoris tiene alrededor de 23 millones de años.
El planeta gira alrededor de una estrella que tiene aproximadamente 1,75 veces la masa del Sol y forma parte de un sistema que también contiene otros planetas, cometas y un enorme disco de polvo y escombros.

¿De dónde viene la señal?
La emisión detectada no tiene un origen artificial ni está relacionada con una civilización extraterrestre.
Los científicos creen que las ráfagas de radio están vinculadas con el campo magnético del planeta.
Ese campo interactúa con partículas provenientes de su entorno y puede generar auroras extremadamente intensas, similares en concepto a las auroras boreales que conocemos en la Tierra, pero producidas en condiciones mucho más extremas.
La particularidad es que esas auroras generan ondas de radio que pueden viajar por el espacio y ser detectadas desde nuestro planeta.
¿Por qué es tan importante?
Los campos magnéticos son difíciles de estudiar en los exoplanetas porque están a enormes distancias. Sin embargo, las emisiones de radio pueden convertirse en una especie de “ventana” para conocerlos.
En este caso, las características de la señal sugieren que Beta Pictoris b podría tener un campo magnético muchísimo más potente que el de la Tierra y, según los investigadores, incluso superior al de Júpiter.
Esto permitiría conocer mejor cómo funcionan los campos magnéticos de los planetas gigantes y cómo interactúan con las estrellas que los rodean.

¿Significa que los científicos “escucharon” el planeta?
No exactamente.
Cuando se habla de una “señal de radio”, no significa que los telescopios hayan captado un sonido como el que escucharíamos con nuestros oídos.
Los radiotelescopios detectan ondas electromagnéticas en determinadas frecuencias. Los científicos analizan esas señales y, a partir de sus características, pueden determinar de dónde provienen y qué procesos físicos podrían estar generándolas.
Es decir, no escuchamos a Beta Pictoris b: detectamos la huella electromagnética de los fenómenos que ocurren en ese mundo lejano.
Un descubrimiento que todavía debe confirmarse
El trabajo científico fue difundido como una prepublicación y todavía debe atravesar el proceso de revisión por pares.
Por eso, aunque el hallazgo resulta especialmente prometedor, los investigadores buscan realizar nuevas observaciones para confirmar sus características y comprender mejor el origen de las emisiones.
Si se confirma, el descubrimiento abrirá una nueva posibilidad para estudiar los mundos que existen fuera del Sistema Solar: utilizar sus emisiones de radio para conocer sus campos magnéticos y las condiciones de sus entornos espaciales.
A 63 años luz de distancia, Beta Pictoris b acaba de convertirse en una nueva ventana para mirar mucho más lejos de nuestro propio sistema planetario.







