El magistrado Pablo Busaniche sostuvo que Iván Reyes y Norma Vega estaban convencidos de que sus perros no eran peligrosos. Consideró que existió una conducta negligente y confirmó la figura de homicidio culposo por la muerte del niño de 12 años ocurrida en Recreo en 2019.
- “Estaban convencidos de que sus perros no eran peligrosos”
- Las pruebas que confirmaron la responsabilidad de la jauría
- El rol de “Jackson”, identificado como líder de la manada
- Un territorio que los perros consideraban propio
- Un cerco insuficiente y una negligencia determinante
- Por qué la Justicia descartó el homicidio con dolo eventual
- Un crimen que conmocionó a Recreo y a toda la provincia
Días atrás, la Justicia había dado a conocer la condena contra Iván Reyes y Norma Vega, el matrimonio de Recreo que tenía bajo su custodia a la jauría que atacó y mató a Diego Román en julio de 2019. Este miércoles se difundieron los fundamentos del fallo, en los que el juez Pablo Busaniche explicó las razones por las que descartó la figura de homicidio con dolo eventual y resolvió condenarlos por homicidio culposo.
El magistrado sostuvo que durante el juicio quedó plenamente acreditado que los perros pertenecientes al entorno familiar de los acusados fueron los responsables del ataque que terminó con la vida del niño de 12 años. Sin embargo, entendió que no existían elementos suficientes para demostrar que Reyes y Vega hubieran aceptado la posibilidad de que sus animales pudieran provocar la muerte de una persona.
Por ese motivo, aplicó la figura conocida como “culpa con representación”, que se configura cuando una persona advierte un riesgo, pero confía en que el resultado lesivo no ocurrirá.
“Estaban convencidos de que sus perros no eran peligrosos”
Uno de los argumentos centrales del fallo es que los acusados mantenían un fuerte vínculo afectivo con los animales, lo que, según el juez, les impedía advertir su verdadera capacidad de daño.
Busaniche destacó que, incluso durante el juicio, ambos continuaban negando que la jauría pudiera haber provocado la muerte del menor.
Los testimonios incorporados al debate oral revelaron que los perros convivían estrechamente con la familia: dormían dentro de la vivienda, recibían alimentación especial y cuidados permanentes.
Incluso, algunos testigos señalaron que los dueños les colocaban dibujos animados en la televisión, una conducta que para el magistrado reforzó la idea de que los percibían como mascotas inofensivas y no como animales potencialmente peligrosos.
Además, los peritos veterinarios confirmaron que todos se encontraban en buenas condiciones sanitarias, vacunados, castrados y correctamente alimentados.
No obstante, el juez remarcó que el cariño dispensado hacia los animales no exime de la responsabilidad que implica tener bajo cuidado una jauría de gran porte.
Las pruebas que confirmaron la responsabilidad de la jauría
Los fundamentos también detallan las numerosas pruebas científicas y testimoniales que permitieron establecer que fueron los perros bajo el cuidado de Reyes y Vega quienes atacaron a Diego.
Entre los elementos más importantes aparecen las pericias microscópicas realizadas sobre la ropa del niño.
Los especialistas determinaron que los pelos encontrados en el bóxer y la remera de la víctima eran compatibles con dos de los perros de los acusados: “Jackson”, un bóxer blanco, y “Malevo”, un bóxer marrón y blanco.
A su vez, la coincidencia entre los pelos hallados en la escena y las características físicas de la jauría reforzó la hipótesis investigativa, especialmente porque no se detectaron otros grupos de perros con similares características en la zona.

El rol de “Jackson”, identificado como líder de la manada
Durante el juicio también declaró un instructor canino que participó de la investigación.
El especialista identificó a “Jackson” como el líder de la manada y describió un episodio en el que observó al animal atacar a un hombre que circulaba en bicicleta.
Según relató, el perro se abalanzó hacia la zona de la cintura mientras el resto de la jauría mordía las piernas de la víctima, una modalidad compatible con las lesiones encontradas en el cuerpo de Diego.
Además, se acreditaron al menos cuatro ataques previos y posteriores protagonizados por esos mismos animales contra personas y otras mascotas.
Los testimonios incorporados durante el debate evidenciaron un patrón reiterado de comportamiento agresivo.
Un territorio que los perros consideraban propio
Otro de los puntos desarrollados por el magistrado tiene que ver con el lugar donde ocurrió el hecho.
Diego fue hallado en un predio rural lindero a la propiedad que estaba bajo el control de Reyes.
Los peritos concluyeron que los animales deambulaban libremente por esa zona y actuaban territorialmente, protegiendo un espacio que consideraban propio.
A su vez, los relevamientos realizados por Zoonosis de la Municipalidad de Recreo descartaron la existencia de otras jaurías peligrosas en ese sector.
Para el juez, ese dato reduce considerablemente la posibilidad de que otro grupo de perros hubiera sido responsable del ataque.

Un cerco insuficiente y una negligencia determinante
Los fundamentos también hacen hincapié en las deficientes medidas de seguridad.
Durante el juicio se incorporaron fotografías y testimonios que demostraron que los perros permanecían habitualmente sueltos y que el alambrado perimetral era precario.
Incluso, durante un allanamiento, uno de los animales fue fotografiado saltando fácilmente el tejido hacia el campo donde posteriormente apareció el cuerpo del niño.
Los expertos señalaron además que, si bien los perros estaban bien alimentados, no habían sido socializados correctamente y carecían de límites conductuales.
Esa combinación, sumada a la conducta territorial propia de una jauría, los convertía en animales altamente peligrosos ante cualquier estímulo de movimiento.
Por qué la Justicia descartó el homicidio con dolo eventual
La Fiscalía y la querella habían solicitado una condena por homicidio con dolo eventual, argumentando que los acusados conocían el peligro que representaban los animales y, aun así, permitieron que continuaran deambulando libremente.
Sin embargo, Busaniche sostuvo que no se logró acreditar el denominado “plus subjetivo” necesario para esa figura penal.
Es decir, no pudo demostrarse con certeza que Reyes y Vega hubieran aceptado como probable la muerte de una persona ni que les resultara indiferente ese resultado.
Ante esa duda, el magistrado aplicó el principio que obliga a optar por la interpretación más favorable para los acusados.
Por ello, concluyó que existió una grave imprudencia y una clara omisión en el cumplimiento de las medidas de seguridad, pero no un comportamiento doloso ni un plan criminal.
Un crimen que conmocionó a Recreo y a toda la provincia
La muerte de Diego Román ocurrió entre el 3 y el 4 de julio de 2019 y generó una enorme conmoción social.
El niño había desaparecido durante la tarde del miércoles 3 de julio y su cuerpo fue hallado al día siguiente en un descampado cercano a la vivienda del matrimonio, en la zona noroeste de Recreo, cerca del barrio Comunal 3.
En un principio, la investigación avanzó sobre diversas hipótesis, incluyendo la participación de terceros y hasta versiones vinculadas a supuestos rituales.
Con el avance de las pericias científicas, la Fiscalía logró reconstruir los hechos y determinar que Diego había sido víctima del ataque de una jauría integrada por perros de distintas razas y cruzas, entre ellos un rottweiler llamado “Tronco”, varios bóxer identificados como “Jackson”, “Dorotea” y “Malevo”, y otros animales mestizos de gran porte.
Los estudios forenses concluyeron que la causa de muerte fue una hemorragia externa provocada por múltiples lesiones punzantes, desgarradoras y excoriativas compatibles con el ataque coordinado de varios perros.







