El 38,6% de las personas del aglomerado está bajo la línea de pobreza, según el INDEC. Son unas 215.000 personas. La indigencia alcanzó al 9,8%. Desde Cáritas Santa Fe y un merendero de Recreo señalaron a Power Max que el deterioro social se refleja diariamente en el territorio.
Los nuevos datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) volvieron a poner en el centro de la escena la situación social del Gran Santa Fe. Durante el primer semestre de 2026, el 38,6% de las personas del aglomerado quedó por debajo de la línea de pobreza, mientras que el 9,8% se encontraba en situación de indigencia.
De acuerdo con la estimación difundida a partir de la Encuesta Permanente de Hogares, la pobreza alcanza a unas 215.000 personas en el Gran Santa Fe. En tanto, alrededor de 54.000 personas se encuentran en situación de indigencia. El indicador de pobreza había sido del 30,6% en el segundo semestre de 2025, por lo que registró un incremento de 8 puntos porcentuales en apenas seis meses.
La evolución también marca un cambio respecto de las mediciones anteriores. Después de alcanzar niveles elevados durante 2024, la pobreza había descendido durante tres períodos consecutivos hasta cerrar 2025 en el 28,2% a nivel nacional. En el primer semestre de 2026, sin embargo, volvió a crecer y alcanzó al 32,3% de la población de los 31 aglomerados urbanos relevados por el INDEC.
“Estos números no nos llamaron la atención”
En diálogo con Power Max Medios, el director de Cáritas Santa Fe, Julio Giménez, sostuvo que los números difundidos por el INDEC no resultaron inesperados para quienes trabajan diariamente con familias en situación de vulnerabilidad.
Giménez explicó que la realidad que ahora aparece reflejada en las estadísticas oficiales es una situación que las organizaciones sociales vienen observando de manera cotidiana en los barrios.
Según describió, la demanda de asistencia se intensificó durante los últimos meses, con un crecimiento tanto de la pobreza como de la indigencia. También señaló una mayor presencia de personas en situación de calle y manifestó preocupación por el incremento de personas que quedan desplazadas de los sistemas habituales de contención social.
Desde Cáritas señalaron además que distintas organizaciones recorren durante la noche diferentes sectores de la ciudad para entregar viandas y brindar asistencia alimentaria.
En ese contexto, espacios como la Basílica de Guadalupe y la Catedral de Santa Fe funcionan también como lugares de contención para personas que atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad, donde pueden acceder a comida, higiene y otros recursos básicos.
Para Giménez, el escenario también plantea un desafío para las organizaciones sociales y para las políticas públicas: no solamente atender las necesidades inmediatas, sino generar condiciones que permitan a las familias vulnerables recuperar oportunidades y evitar que la situación se profundice.
La preocupación, señaló, comienza a observarse también fuera de los grandes centros urbanos, con situaciones de vulnerabilidad que aparecen cada vez con mayor frecuencia en ciudades más pequeñas de la región.
La realidad de los merenderos también refleja el deterioro
En Recreo, la situación también se hace visible en los espacios comunitarios que reciben diariamente a familias que necesitan asistencia alimentaria.
En diálogo con Power Max, Yamila, directora de un merendero de la ciudad, señaló que resulta preocupante que, en un país con una importante producción de alimentos, haya cada vez más familias que no logran garantizar la comida diaria.
La referente explicó que aumentó la cantidad de madres y niños que concurren al merendero y remarcó que, en muchos casos, los adultos de esas familias dependen de trabajos informales o “changas” que no siempre aparecen.
“Los padres viven de changas y muchas veces no las consiguen”, explicó al describir una realidad que hace que algunas familias atraviesen jornadas en las que directamente no cuentan con recursos suficientes para alimentarse.
Para Yamila, el objetivo debería ser que los padres puedan acceder a un trabajo estable y que las familias puedan sostenerse con sus propios ingresos. Mientras tanto, el merendero continúa funcionando como una red de contención y asistencia para quienes necesitan ayuda.
También destacó el acompañamiento de vecinos y personas que colaboran con la institución y permiten sostener la tarea cotidiana.
Un escenario que vuelve a encender las alarmas
Los datos del INDEC muestran que el Gran Santa Fe atraviesa un deterioro mayor al registrado en el promedio de los 31 aglomerados urbanos relevados. Mientras la pobreza nacional llegó al 32,3%, en el aglomerado santafesino alcanzó el 38,6%.
El dato estadístico, sin embargo, adquiere otra dimensión cuando se lo contrasta con lo que sucede en barrios, merenderos, parroquias y organizaciones sociales.
El aumento de la demanda alimentaria, la dificultad para conseguir trabajos informales, el crecimiento de las personas en situación de calle y la necesidad de recurrir a espacios comunitarios para cubrir necesidades básicas forman parte de una realidad que las organizaciones aseguran estar observando de manera cotidiana.
Mientras el INDEC traduce esa realidad en porcentajes, desde las organizaciones sociales advierten que detrás de cada número hay familias que necesitan asistencia para atravesar el día a día y, fundamentalmente, oportunidades que les permitan recuperar autonomía.







