Unos pocos minutos de actividad física al día podrían marcar una diferencia en la salud cardiovascular. Así lo sugiere un amplio estudio realizado en Noruega, que analizó durante más de 13 años la relación entre ejercicio, accidentes cerebrovasculares y mortalidad.
La investigación, publicada en el Journal of the American Heart Association, incluyó a 87.340 adultos de entre 30 y 99 años, de los cuales 6.539 tenían fibrilación auricular, una alteración del ritmo cardíaco que aumenta el riesgo de sufrir un ACV.
Menos de 15 minutos diarios también hicieron diferencia

Los investigadores clasificaron a los participantes según el nivel de actividad física habitual: inactivos, con baja actividad, actividad moderada y actividad alta.
El dato más llamativo apareció incluso entre quienes realizaban menos de 15 minutos diarios de ejercicio moderado. Este nivel de actividad se relacionó con un 9% menos de riesgo de sufrir un ACV en comparación con las personas completamente inactivas.
En quienes alcanzaban niveles moderados o altos de actividad, la reducción del riesgo de accidente cerebrovascular llegó a casi el 20%.
Los resultados también mostraron una relación entre el ejercicio y una menor mortalidad por cualquier causa. Frente a quienes no realizaban actividad física, el riesgo de muerte fue un 11% menor entre quienes tenían baja actividad, un 18% menor con actividad moderada y un 22% menor con niveles altos.

Los beneficios también aparecieron en personas con fibrilación auricular
La investigación prestó especial atención a las personas con fibrilación auricular (FA), una arritmia que puede favorecer la formación de coágulos y aumentar considerablemente el riesgo de ACV.
Los beneficios asociados con la actividad física fueron similares tanto en participantes con FA como en quienes no presentaban esta condición. Esto sugiere que mantenerse activo podría ayudar a compensar parcialmente el riesgo cardiovascular adicional asociado a la arritmia.
Entre las personas con fibrilación auricular, además, la actividad física se asoció con una expectativa de vida entre 6 y 14 meses mayor respecto de quienes permanecían inactivos.
La actividad física como parte de la prevención
Los resultados refuerzan la importancia de incorporar movimiento a la rutina cotidiana. No necesariamente se necesita comenzar con entrenamientos intensos: caminar, andar en bicicleta, realizar ejercicios moderados o aumentar progresivamente el tiempo de actividad pueden ser alternativas.
De todos modos, los investigadores advierten que se trata de un estudio observacional, por lo que los resultados muestran una asociación entre actividad física y mejores resultados de salud, pero no permiten demostrar por sí solos una relación directa de causa y efecto.
En cualquier caso, el mensaje es claro: pasar de la inactividad a realizar algo de ejercicio podría ser beneficioso, y aumentar progresivamente la cantidad de actividad podría aportar beneficios adicionales para la salud cardiovascular.







