La siesta forma parte de la rutina de muchas personas y, cuando es corta, puede ser una forma agradable de recuperar energía durante el día. Sin embargo, cuando después de los 50 años se vuelve demasiado larga, frecuente o aparece muy temprano, podría ser una señal de que algo está afectando la salud.
Una investigación realizada por especialistas vinculados a Harvard y Mass General Brigham siguió a 1.338 adultos mayores de 50 años durante hasta 19 años para analizar la relación entre sus patrones de siesta y la mortalidad.
Los resultados no significan que dormir la siesta sea perjudicial. Por el contrario, los investigadores remarcaron que las siestas breves pueden ser perfectamente compatibles con una buena salud.
La preocupación aparece cuando dormir durante el día se transforma en una necesidad constante y ocupa cada vez más tiempo.
Qué encontraron los investigadores
El estudio encontró una asociación entre determinados patrones de siesta y una mayor mortalidad.
Según los resultados:
- Cada hora adicional de siesta durante el día se asoció con un 13% más de riesgo de mortalidad.
- Cada siesta adicional por día se relacionó con aproximadamente un 7% más de riesgo.
- Las personas que dormían la siesta por la mañana presentaron un riesgo de mortalidad aproximadamente 30% mayor que quienes lo hacían por la tarde.
Pero hay un punto fundamental: estos datos muestran una asociación y no demuestran que la siesta provoque esos problemas de salud.
De hecho, los propios investigadores plantean que las siestas prolongadas podrían ser, en algunos casos, una consecuencia de enfermedades o alteraciones del sueño que ya estaban presentes.

¿Cuándo una siesta debería llamar la atención?
No existe una duración que sea perjudicial para absolutamente todas las personas.
La investigadora Chenlu Gao señaló que las siestas cortas, especialmente aquellas que no superan aproximadamente una hora diaria, probablemente sean inofensivas para la mayoría de las personas.
El problema puede aparecer cuando alguien que antes no necesitaba dormir durante el día comienza a hacerlo durante períodos cada vez más largos.
Por ejemplo, si una persona duerme bien durante la noche pero necesita dormir dos o tres horas todas las tardes y aun así continúa sintiéndose cansada, puede ser conveniente prestar atención a ese cambio.
La siesta puede estar mostrando otra cosa
Los investigadores consideran que las siestas excesivas podrían funcionar como un indicador de problemas de salud subyacentes.
Entre las posibles causas aparecen enfermedades crónicas, trastornos del sueño y alteraciones del ritmo circadiano.
Por eso, más que interpretar los resultados como una advertencia contra la siesta, el mensaje es observar cómo cambia el hábito de dormir durante el día.
Una siesta que antes duraba 20 minutos y ahora se extiende durante horas puede ser un dato que vale la pena conversar con un profesional de la salud.

Entonces, ¿hay que dejar de dormir la siesta?
No necesariamente.
Una siesta breve puede ayudar a disminuir el cansancio y mejorar el estado de alerta durante la tarde.
La recomendación general es evitar convertirla en un segundo período de sueño prolongado. También conviene prestar atención al horario: una siesta demasiado tarde puede dificultar el descanso nocturno.
La clave está en encontrar un equilibrio entre descanso, duración y regularidad.
La señal no está en dormir la siesta, sino en necesitarla cada vez más
Después de los 50 años, los cambios en los hábitos de sueño pueden ser normales. Pero cuando una persona comienza a necesitar dormir durante el día durante períodos prolongados o varias veces, especialmente si esto se acompaña de cansancio persistente, conviene no ignorarlo.
La siesta corta puede ser un placer y también un descanso reparador. Una siesta cada vez más larga y frecuente, en cambio, podría estar diciendo que el cuerpo necesita atención.







