Adriana dialogó con Power Max Medios luego de convertirse nuevamente en víctima de la inseguridad. La vivienda de su madre, ubicada en calle Presbítero Martínez, en barrio Nobleza, sufrió un nuevo robo y ya son 10 los hechos delictivos registrados en el lugar.
En esta oportunidad, los delincuentes ingresaron al patio de la propiedad y se llevaron un reflector. Lo llamativo es que no se trata de un elemento que haya quedado sin protección: según contó Adriana, cada vez que instalan un nuevo artefacto, a las pocas horas vuelven a ingresar y se lo llevan, incluso cuando está encendido.
La familia ya sufrió el robo de un lavarropas, mangueras de riego, varios reflectores, una parrilla y distintos elementos utilizados para camping y jardinería, entre otros objetos.
Diez robos y una familia que ya no sabe qué hacer
Cansados de la situación, esta vez decidieron instalar cámaras de seguridad para intentar identificar a los delincuentes y contar con registros de los hechos. Sin embargo, Adriana aseguró que la familia ya agotó prácticamente todas las alternativas y que ahora evalúa colocar también una alarma.
Según relató, cada vez que se produce un robo o detectan movimientos extraños, llaman rápidamente a la Policía y la respuesta suele ser rápida. El problema, explicó, es que cuando los agentes llegan al lugar, los delincuentes ya escaparon y no logran encontrarlos.
La situación genera además una sensación de impotencia en la familia, que considera que, aun cuando los responsables fueran identificados y detenidos, los hechos de menor cuantía terminan teniendo consecuencias limitadas, por lo que los delincuentes volverían rápidamente a las calles.
El cuarto robo del mes
El dato que profundiza la preocupación es que este nuevo episodio representa el cuarto robo sufrido por la familia en lo que va del mes.
A lo largo de los últimos episodios, los delincuentes fueron ingresando al domicilio y llevándose distintos elementos del patio y del interior de la propiedad.
Para la familia, el problema ya dejó de ser solamente económico. La reiteración de los hechos genera miedo, impotencia y la sensación de no poder estar tranquilos ni siquiera dentro de su propia vivienda.
“Ya no sabemos qué hacer”, es el planteo que resume el estado de una familia que, después de diez robos, continúa buscando medidas para proteger una vivienda que se convirtió reiteradamente en blanco de los delincuentes.







