Argentina está otra vez en semifinales y el país vuelve a vivir esos días en los que la ansiedad, la ilusión y la presión se mezclan alrededor de un partido. Pero más allá del fútbol, hay sensaciones que atraviesan a cualquier deportista que compite por algo grande.
En La Liga Nacional, las semifinales también tienen un clima especial: series largas, viajes, estadios llenos, ajustes mínimos, vestuarios cargados de tensión y la certeza de que cada detalle puede marcar el camino hacia una final.
Por eso, Matías Solanas, Emiliano Lezcano, Leonardo Lema, Agustín Barreiro y Emiliano Toretta, protagonistas que vienen de disputar las últimas semifinales de La Liga, compartieron su mirada sobre cómo se juega, se prepara y se siente una instancia decisiva.
Para Matías Solanas, más que cambiar, todo se potencia. “Siento que hay cosas que aumentan, como las emociones, la motivación y las ganas de seguir avanzando para poder llegar a la final. Es el objetivo por el que todos luchan y, al tenerlo tan cerca, uno deja todo por alcanzarlo”, explicó.
El jugador también reconoció que la previa se vive con una intensidad particular. “Se intensifica todo por la instancia en la que se está jugando. La previa se vive con mucha ansiedad por querer saltar a la cancha y también con un poco de nerviosismo. Además, al saber que un partido te puede dejar afuera, intento concentrarme para que todo me salga de la mejor manera posible”, señaló.
A la hora de analizar qué pesa más en una semifinal, Solanas repartió responsabilidades: la cabeza, la experiencia, el juego y los detalles aparecen en distintos momentos. “Hay situaciones en las que se necesita pensar un poco más, usar la cabeza y jugar mejor; otras en las que jugadores con experiencia te sacan de situaciones adversas. Y, al ser series tan parejas, se terminan definiendo por detalles”, sostuvo.
El vestuario, en ese contexto, cumple un rol clave. “Ahí adentro es donde el equipo habla todo: lo que hay para corregir y también lo que hay que seguir haciendo bien”, agregó. Y dejó una enseñanza clara de su última experiencia: “Uno no se puede relajar en ningún momento y con ningún rival. Hay que estar concentrado la serie completa y no dejar con vida al otro equipo, porque en cualquier momento se puede revertir”.
Emiliano Lezcano puso el foco en la preparación. Para él, cuando un equipo llega a una semifinal cambian “la seriedad, la preparación y el día a día”. “Se entrena pensando mucho más en el otro equipo, en sus fortalezas, en sus debilidades y, sobre todo, en los detalles. Este tipo de partidos suelen definirse por cosas mínimas”, remarcó.
En lo personal, Lezcano reconoció que la previa la vive con ansiedad, pero también con tranquilidad. “Tengo muchas ganas de que arranque el partido porque soy un poco ansioso. Pero, al mismo tiempo, intento mantenerme tranquilo porque sabemos y tenemos muy claro lo que tenemos que hacer”, contó.
También destacó la importancia del descanso, un aspecto muchas veces invisible pero determinante en series de alta exigencia. “En el básquet tenemos muchos partidos y hay que llegar bien física y mentalmente”, explicó. Para Lezcano, hay un factor que marca diferencias: la experiencia. “Siempre digo que lo único que no se paga es la experiencia. Para los jugadores que ya vivieron este tipo de partidos, suele ser un poco más fácil o más tranquilo atravesarlos, y eso se nota mucho”, afirmó.
Su mirada también parte de una herida reciente: “A nosotros nos tocó perder una semifinal la temporada pasada, después de jugar unos cuartos de final durísimos, y estamos aprendiendo a jugar este tipo de instancias. Creo que lo que más pesa es la experiencia”.
El vestuario, para él, es “importantísimo”. Allí deben aparecer los capitanes y los jugadores con más recorrido para calmar a los más jóvenes y transmitir que las series son largas. “También es clave explicar que hay que estar atentos a los detalles, porque muchas veces terminan marcando la diferencia para poder ganar”, agregó.
Leonardo Lema, en cambio, considera que la base de un equipo no debería modificarse demasiado al llegar a estas instancias. “Durante la temporada uno busca la mejor versión y qué cosas se pueden mejorar, pero una vez que empiezan los playoffs es solo ajustar detalles que el equipo y el entrenador crean que hay que ajustar”, analizó.
En la previa, Lema prefiere sostener su rutina. “Trato de hacer lo mismo que hago todos los días. Eso me mantiene enfocado y me da tranquilidad antes de los partidos”, explicó.
Para él, en una semifinal los detalles tienen un peso determinante. “El equipo que menos se equivoque y el que logre que el rival cometa errores tiene muchas chances de quedarse con la serie”, aseguró. También le dio un valor central a la unión del grupo. “Es importantísimo que el vestuario y el equipo estén unidos. Que todos apuntemos para el mismo lado es una ventaja en estas instancias. Está a la vista que los equipos que mejor se llevan, tanto dentro como fuera de la cancha, incorporan más rápido la idea de juego”, sostuvo.
Y, lejos de esconder lo que se siente en estos escenarios, Lema reconoció que disfruta también el clima adverso. “Lo disfruto mucho, tanto de local como de visitante. Tener a tu hinchada cantando todo el tiempo se disfruta, y cuando toca de visitante, entrar a la cancha y que el estadio te silbe también te motiva”, contó. La principal enseñanza que le dejó una semifinal es mental: “El que mejor esté de la cabeza tiene más chances. Cada partido es una historia aparte. No importa si ganaste por 20, por 1, o si perdiste por 20 o por 1; al otro día tenés que cambiar rápido el chip, porque si no podés perder la serie”.
Agustín Barreiro también remarcó el valor de la mentalidad, pero desde una construcción que no empieza en playoffs. “La mentalidad de un equipo se forma desde la pretemporada. A medida que vas pasando instancias, lo que cambian son los planes tácticos. Claramente sabés que el margen de error es nulo, porque se puede terminar el torneo para vos”, explicó.
En su caso, la previa mezcla ansiedad, concentración y disfrute. “No siempre se tiene la oportunidad de estar en esta instancia. Por eso primero lo disfruto, pero también le doy la importancia que merece la situación”, señaló.
Para Barreiro, en una semifinal todo pesa: la cabeza, la experiencia, el juego y los detalles. “Son las características más importantes y las que más pueden influir”, afirmó. También ubicó al vestuario como el lugar donde el partido empieza a jugarse antes del salto inicial. “El rol que cumple es importantísimo, porque es donde arranca a jugarse el partido. Es el momento de la motivación y la concentración para poder llegar al objetivo”, explicó.
Sobre el disfrute, no dudó: “Se disfruta muchísimo. Todos los que jugamos o hacemos deporte queremos competir y llegar lo más lejos posible. Claramente pasás por un montón de emociones, pero se disfruta lo justo y necesario, porque estar en una semifinal significa que estás a un paso de cumplir el objetivo”.
La última semifinal también le dejó una conclusión fuerte: “Todos los equipos pueden llegar a conquistar un título, todos los partidos son importantes y muchas veces ser candidato no alcanza. Hay que dar mucho más de uno y trabajar más que cualquier equipo para poder estar en una final”.
Por último, Emiliano Toretta profundizó en el aspecto mental. Para él, en una semifinal “juega mucho la cabeza de cada jugador”, tanto por cómo la trabajó durante la temporada como por la forma en la que se prepara para situaciones de presión. “Hay que saber manejar las emociones, la ansiedad y el nerviosismo, que son sentimientos que aparecen en estas instancias”, explicó. Y agregó una idea central: no traicionar lo construido. “Colectivamente, pienso que no hay que dejarse llevar por el momento ni querer hacer cosas que no hicimos durante la temporada. Lo que construimos como equipo es lo que nos llevó hasta ahí. Hay que intentar mantener la frialdad y hacer solamente las cosas que sabemos hacer”.
El base de Gimnasia considera que sentir nerviosismo o ansiedad no necesariamente es negativo. “Es propio de la instancia que uno está jugando. Hay que entender esas emociones como lo que son, no dejar que te anulen ni que te impidan actuar. Al final, es algo bueno, porque quiere decir que nos importa la situación que estamos viviendo”, señaló.
En su escala de prioridades, la cabeza aparece primero. Luego el juego, los detalles y la experiencia. “La cabeza es fundamental; el juego es lo que nos llevó hasta ese lugar; y los detalles, en una instancia de definición, hacen la diferencia”, analizó. También remarcó que la experiencia no siempre define por sí sola. “Nos pasó la temporada pasada que no éramos el equipo con más experiencia, éramos un equipo joven. Pero al estar unidos, tener una idea de juego clara, saber el rol de cada uno y poner el equipo por encima de lo personal, creo que eso pesó mucho más para que la experiencia no se note tanto”, explicó.
Para Toretta, el vestuario es mucho más que un espacio físico: es donde un equipo se construye durante toda la temporada. “Es el lugar donde están solo el equipo y el cuerpo técnico. En los momentos en los que podemos tener baches, estar muy bien o no tanto, tener un vestuario sano es importante para afrontar esas situaciones”, afirmó.
¿Se disfruta una semifinal? Para él, sí, aunque no siempre sea fácil. “Se disfruta estando dentro de la cancha, porque jugar al básquet es lo que nos gusta y más en estas instancias. Pero al ser series al mejor de cinco, tenés que cambiar el chip muy rápido. Todo el tiempo estás pensando en el partido siguiente”, contó.
Su enseñanza final va en la misma línea que atraviesa a todos los protagonistas: la cabeza y el equipo. “Jugando estas instancias me di cuenta de lo clave que es trabajar la parte mental para estar preparados y poder competir. Y también de la importancia de que los intereses colectivos estén por encima de los personales. Si un equipo logra tener de verdad esa filosofía, puede llegar más lejos de lo que uno pensaría”.
Las voces coinciden. Una semifinal no se juega solamente con talento. Se juega con preparación, con descanso, con concentración, con vestuario, con liderazgo y con una idea colectiva capaz de sostenerse cuando la presión empieza a pesar.
(Fuente: LNB).







